sábado, 23 de abril de 2016

El origen de la fiesta de Las Cruces de mayo


Los meses de abril y mayo incluyen diversas festividades que, como ocurre con tantas otras fechas señaladas del calendario cristiano, tienen origen pagano, en este caso relacionado con el esplendor de la primavera. Quizá el ejemplo más claro sea el de San Isidro Labrador, que se celebra el 15 de mayo, sin coincidir con la fecha de su fallecimiento. Y algo similar ocurre con la Fiesta de la Cruz, evidente fusión de ambos legados.

En origen, sería una de las celebraciones vinculadas a las flores, que incluían cánticos, bailes y, en algunos casos, también ya un eje vertical central, a modo de "totem". Este podía ser un árbol, o sencillamente un palo cuya cima debía ser alcanzada por los jóvenes (costumbre esta última que aún se mantiene en muchas localidades españolas).

Por otro lado, según la tradición cristiana, un 3 de mayo tuvo lugar la "Invención de la Cruz". Esto es, el descubrimiento por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la cruz donde Jesucristo había sido crucificado. Por ello Elena aparece sosteniendo este objeto en uno de los pilares de la basílica de San Pedro del Vaticano (imagen).

Cabe matizar que Constantino no fue, como comunmente se dice, el gobernante que hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio Romano. Ese paso lo daría Teodosio décadas después. Pero Constantino sí instauró la libertad de culto, abriendo así la vía para el desarrollo del potencial de esta religión.

Los historiadores suelen optar por considerar que esta apertura se debió a motivos políticos y pragmáticos. La leyenda, sin embargo, habla de que su conversión se debió a la visión de una cruz en el cielo la noche anterior a una gran batalla, y que le habría llevado a la victoria en esta. Pero su especial relación con la Cruz no quedó ahí, sino que, como hemos mencionado, fue continuada por su madre.

Son varias las fuentes antiguas que narran la llegada de Santa Elena a Tierra Santa, si bien este viaje también podría bordear el mito, considerando que para entonces la peregrina debería tener 75-80 años. La cuestión es que todas las versiones coinciden en que allí encontró reliquias, como las de los Reyes Magos o la mencionada Vera Crux, que diferenció de las otras dos cruces (las de los ladrones ajusticiados junto a Jesús) gracias a una curación o resurección milagrosa producida al entrar en contacto con el sagrado leño.

Sea como fuere, sed buenos el próximo puente...

Teo Fernández Vélez 

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jueves, 31 de marzo de 2016

El mito del mes (III): Marzo



En un principio Marzo, o el mes de Marte, era el primero del año del calendario romano hasta la reorganización del mismo por Julio César, quien le añadió sesenta días y una quinta parte del día, según Ovidio. A este dios se le consagró, por una parte, este mes por ser el padre del fundador de la ciudad y de su hermano, es decir, de Rómulo y Remo respectivamente. Por otra, porque así esta divinidad presidía las armas que ”proporcionaban abastecimiento y gloria a un pueblo feroz” (Ovidio, Fastos 3.86)

Una de las celebraciones que tenían lugar en este mes eran las dedicadas a Anna Perenna durante los Idus (Los Idus de Marzo son, sin lugar a dudas, más conocidos por el asesinato de César). Esta festividad se celebraba en las orillas del río Tiber, lugar en el que los romanos se recostaban y bebían deseándose tantos años como copas bebían. También cantaban canciones obscenas de amor y de alegría.

Que se celebre cerca de un río y que se canten ese tipo de canciones tiene su razón de ser en Ana, la hermana de la reina Dido. Tras el suicidio de ésta, su hermana Ana huyó por diversos lugares sufriendo avatares varios hasta que llegó al Lacio, donde fue encontrada por Eneas, quien le dio hospedaje en su casa. Ante las atenciones que le brindaba, su esposa, Lavinia, tuvo celos de ella y quiso matarla; sin embargo, Ana, avisada por el espíritu de su hermana, huyó. Numicio, una divinidad acuosa, la ocultó en su lago. Las huellas seguidas por quienes la buscaban se perdían en el río, pero ella les cantó para su tranquilidad y regocijo:

“Soy la ninfa del apacible Numicio;
oculta perennemente en el río me llamo Anna Perenna”

Convertida en divinidad, Marte le confesó su amor por Minerva y Anna, juguetona, le concertó una cita con la diosa. Cuando Marte se disponía a besar a Minerva, descubrió que era Anna con el rostro cubierto, de modo que el dios se enfadó por verse burlado. Sin embargo, a los demás les resultó gracioso y por ello cantan este tipo de chanzas.


Probablemente para los griegos el mes Elafebolion (mitad marzo-mitad abril) sea uno de los más importantes, no sólo se abrían los puertos que habían estado cerrados durante todo el invierno, sino también por la celebración que tenía lugar a principios de su mes. Ambos acontecimientos, la apertura de los puertos y la celebración, suponían una revolución para Atenas y una demostración de su poder. Pero ¿qué fiesta se celebraba que originara tanto revuelo? Las Grandes Dionisias.

Las Grandes Dionisias eran una celebración en honor a Dioniso como “observador” de lo que ocurría dentro de la escena (la palabra griega para ‘teatro’ proviene de una raíz que significa ‘ver, observar’).  y en ellas durante cinco días se desarrollaban competiciones teatrales, entendiendo que el teatro abarcaba competiciones líricas, de comedia y de tragedia. Este era el orden en el que los géneros competían. La tragedia ocupaba los tres últimos días, ya que tres eran los autores que representaban sus tetralogías (tres tragedia y un drama satírico). Las fiestas comenzaban con una procesión hacia el templo de Dioniso Eleutheros, en Eleusis. Finalizaban las Dionisias con la proclamación de los ganadores a ‘Mejor actor trágico’, ‘Mejor poeta trágico’ y ‘Mejor corego’ (director de coro).

 Las Grandes Dionisias eran importantes por dos razones. En primer lugar, Atenas recibía a los extranjeros que venían tras abrirse los puertos, lo que le permitía mostrar su poderío; en segundo lugar, el teatro ponía en escena a través de los mitos y sus protagonistas los problemas políticos del momento.

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO
Si quieres conocer los mitos y leyendas de tu ciudad, no te pierdas este fin de semana nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba. Y, para descubrir nuestro legado romano oculto, el sábado puedes disfrutar de Córdoba Subterránea.
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domingo, 13 de marzo de 2016

GarabaTEOs (IX): El reloj de amor




(Escrito con el que participé en el 2015 en el
Concurso de relato breve del Museo Arqueológico de Córdoba)



Era el cortejo de los museos. La danza del amor en las galerías de arte.


Nos mirábamos de soslayo o fingiendo casualidad, y nos deteníamos ante la misma obra, simulando observarla, cuando en realidad estábamos pendientes el uno del otro.


La situación se prolongaba, en ocasiones absurdamente, hasta que uno de los dos consideraba que ya había esperado bastante y se alejaba. Entonces, andurreábamos por separado por la sala, aparentando prestar atención a otras piezas, pero siempre pendientes de ante cuál reencontrarnos para contemplarla también juntos.

Una vez, al cruzarnos, incluso me dedicó una leve sonrisa...


Pero el gran momento tuvo lugar ante la estatua de Afrodita: nos pusimos tan cerca que nuestras manos, que colgaban junto a nuestras respectivas caderas, se rozaron por las caras externas. Fue como un mensaje de la diosa del amor. Si ya había tenido varias oportunidades para entablar conversación, aquella fue la ideal: pero, una vez más, me paralizó la timidez.


Al final, tras un largo rato de flirteo mudo por el museo, ella se marchó. Mientras su silueta se alejaba, pude percibir en ella una postura de cierta decepción, sin duda causada por mi falta de iniciativa para haberla abordado.


Esa noche no pegué ojo. Me la pasé maldiciendo aquella indecisión y me prometí que volvería allí, a buscarla, rezando para que fuese de Córdoba y tornase; y, si estaba de paso en nuestra ciudad, para que por algún error de los dioses, del Universo o de lo que sea que nos rija, reapareciese en el mismo lugar. ¿Acaso no había ya conspirado esa Fuerza para que coincidiéramos la primera vez?


Y, a fin de cuentas, era lo único que podía hacer: Esperarla.


Así, cada día, a la misma hora, yo regresaba a nuestro fugaz nido de amor. Repetía la misma luz del crepúsculo ante la que habíamos coqueteado en silencio y veía desplazarse las mismas sombras según iba cayendo el sol, como si fuesen las particulares agujas del reloj del edificio. Todo ello ante la inexcrutable mirada de Afrodita.


Empecé a saberme el museo a pies juntillas. Memoricé, sin pretenderlo, las cartelas de las piezas de mi alrededor. Llegué a reconocer el sonido de los pasos de cada vigilante, las edades de los colegios en función del griterío que se escuchaba a su llegada y los distintos olores (en algunos casos no muy agradables) de los turistas de cada país.


Pero ella no volvía. Así que, por si acaso, empecé a pasar cada vez más tiempo allí, hasta consumar la jornada completa. Era lo único que podía hacer: Esperarla.


Los trabajadores de la institución se habituaron a mi presencia. Llegó un momento en el que no me saludaban, pues me confundían con una pieza más de la colección. Por lo cual también dejaron de obligarme a marchar al cerrar el edificio. Y comencé a pasar las noches en el mismo.


Todo por ella. Siempre aguardando junto a la Afrodita que había unido, aunque fuese tan fugaz como levemente, nuestras manos. La Afrodita que, por algún tipo de milagro pagano, la traería de vuelta algún día. Por eso yo no debía alejarme de allí...


Los visitantes me veían tan integrado en el entorno que empezaron a creer que yo era una estatua y buscaban a mi alrededor una cartela descriptiva. Los museólogos, a cuyos oídos había llegado mi historia, decidieron colocarme una: Hombre esperando por amor. Finales del siglo XX. Procedencia desconocida. El nombre era más típico de un museo de arte contemporáneo, pero resultaba tan adecuado que, como buena estatua, no rechisté.


Incluso las limpiadoras me quitaban el polvo. Y no voy a negar que me venía bien, tras tanto tiempo sin moverme del lugar. La cosa me gustó menos cuando un restaurador planteó hacerme algún arreglo... Afortunadamente, la reforma quedó en corte de pelo, afeitado y manicura, todos ellos celebrados por mi parte, pensando siempre en el ansiado reencuentro. Porque yo seguía esperándola.


Empecé a calcificarme y a sentirme cada vez más indentificado con las esculturas. ¡Quizá el origen de todas ellas había sido el mismo! Quizá ellas algún día también esperaron a un amado. Por eso le propuse a Afrodita un trato para que trajese de vuelta a la mía. Le prometí llenar también su vacío buscándole un buen Ares. Un Ares que estuviese vivo y coleando. Pero el proyecto no le convenció.


Así que allí seguí...


Hasta que al final, debido a mi tan romántica como perenne inmovilidad, me convertí en estatua. En una aguja más del reloj; en este caso, con un mecanismo impulsado por el amor. Y mi historia pasó a ser otra sombra de los atardeceres del museo.


Con una nueva cartela que rezaba un nuevo nombre: Amor eterno convertido en piedra.


Teo Fernández Vélez
(Todos registrado y protegido por la Ley de Propiedad Intelectual)
 

martes, 1 de marzo de 2016

La Masonería en Córdoba


La Masonería hunde sus raíces en las cofradías de constructores, vinculados especialmente a las grandes catedrales medievales y cuyos conocimientos estaban reservados a dicho gremio (maçon en francés significa "albañil"). Pero, poco a poco, en su círculo fueron aceptados, a modo de honoríficos iniciados, personajes de alto nivel económico y sobre todo cultural, mentes inquietas deseosas de descubrir los misterios de la arquitectura.

Fue así como en Londres, en 1717, nació la Masonería filosófica o especulativa, una organización filantrópica e intelectual que empleó como símbolo las herramientas de aquellos operarios: el compás, la plomada, la escuadra... Y de ahí imágenes como la superior, que representan al Gran Arquitecto del Universo.

No sería hasta el tercer tercio del XIX cuando la Masonería tuviese en España una relevancia considerable. La costa gaditana (por el flujo de viajeros extranjeros y, evidentemente, por la presencia de Gibraltar) jugó el papel más destacado en Andalucía con nada menos que 134 organismos vinculados a la misma. El de Córdoba fue más discreto, sumando, entre los años 1868 y 1898, un total de 33 organismos que aglutinaban a 568 masones. Sin embargo, apenas una docena de logias andaluzas sobrevivieron a la crisis de fin de siglo, y ninguna de ellas fue de nuestra ciudad.

La dictadura de Primo de Rivera coincidió con un resurgir de las logias españolas, probablemente porque funcionaron a modo de refugio de ideas contrarias al Régimen (lo que a la postre supondría una politización de las mismas). Así, antes del estallido de la Guerra Civil, Córdoba volvió a sumar 9 organismos y 288 masones. Sin embargo, divisiones internas y las persecuciones durante la Dictadura franquista por la mencionada politización dieron al traste con ese repunte.

Es probable que ya antes de 1975 volvieran a existir, de forma semiclandestina, logias en la Costa del Sol o Gibraltar, pero fue la llegada de la Democracia lo que provocó de nuevo la legalización de la Masonería en 1979. A pesar de ello, en Córdoba no se reinstauraría hasta el año 2011, a través de la Respetable Logia Maimónides número 173.

Si queréis saber más sobre la misma, os recordamos que este fin de semana podéis disfrutar de las Jornadas sobre la Masonería en Córdoba en Casa del Sefarad (puedes ver noticia en prensa aquí).

Teo Fernández Vélez
 

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martes, 9 de febrero de 2016

El mito del mes (II): Febrero


Februo (Februus) era el dios al que le estaba consagrado este mes en el calendario romano a causa de la fiesta de la que tomaba el nombre. Esta divinidad solía equiparse a Plutón, el dios de los muertos y del Inframundo, puesto que a él se le celebraban unas fiestas para purificar o lavar la ciudad en los cuales se aplacaban a los muertos con sacrificios y ofrendas. Estas fiestas recibían el nombre de Februalia, las “purificaciones”.

Otra explicación del nombre de este mes parece encontrarse en los instrumentos de purificación, los februa. Éstos, de acuerdo a Ovidio, llegaron a ser todo aquello con lo que se limpiaba el cuerpo, si bien en principio eran unas lanas con las que se limpiaban o barrían las casas después de sacar a un muerto.

Este autor latino nos dice en sus Fastos (II.30-35) respecto a este mes que recibía su nombre de los februa 
                “bien porque los Lupercos cortan una piel y purifican todo el suelo utilizándola como instrumento de purificación, o bien porque la ocasión es pura, una vez que se han hecho las ofrendas de paz a los sepulcros y los días dedicados a los muertos han pasado. Nuestros viejos creían que las purificaciones podían eliminar todo sacrilegio y toda causa del mal” (traducción de Bartolomé Segura Ramos).

Junto a estas fiestas, el 15 de este mes se celebraban otras igualmente importantes: las Lupercalia, en honor de Fauno Luperco (imagen superior). En ellas los lupercales o sacerdotes de este dios sacrificaban víctimas para que mantuviera alejados a los lobos de los rebaños. Sin embargo, la peculiaridad de estas fiestas radica en que los lupercales corrían desnudos por las calles llevando en sus manos el cuchillo empapado en sangre y unos látigos hechos con las pieles de las víctimas con los que golpeaban a las mujeres (las februa) para que éstas se quedaran embarazadas.

Para los griegos, Febrero (mitad de febrero-mitad de marzo) se conocía como Antesterion, mes en el que se celebraban las Antesterias, en honor a los muertos. Éstas duraban tres días (del 11 al 13 de Antesterion) en los que se creía que los espíritus de los muertos vagaban por la ciudad. En el primero de ellos, Pitoigia, se abrían los toneles que habían estado fermentado durante el otoño; en el segundo, Coes, se celebraba una competición sobre la resistencia alcohólica de los participantes en la que cada participante traía su propia copa (de ahí el nombre del día) pero, y eso es lo peculiar del día, la bebía en silencio (es el día que Orestes, aún impuro, llega a Atenas tras matar a su madre Clitemnestra).

También en este día tenía lugar una hierogamia, en la que una “reina” en el papel de Ariadna se casaba con el arconte basileus que tomaba el rol de Dioniso recordando la boda de Dioniso y Ariadna en Naxos. Finalmente, en el tercer día, Chystoi, se hacía una especie de sopa de vino y pan que se vertía en honor de Hermes Ctonio o Psicopompo, dios que acompañaba a las almas en su viaje al Hades, mientras un coro gritaba “¡Fuera de aquí, Keres! ¡Las Antesterias han terminado” [Las Keres son daimones que se llevaban a los espíritus de los muertos].

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

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lunes, 25 de enero de 2016

Leyendas de Córdoba: El fantasma de la torre del Alcázar...


Según antiguos textos, en tiempos del insigne historiador Ambrosio de Morales (1513-1591) se decidió celebrar una corrida de toros en el entonces llamado Campillo. El propio Morales intentó advertir al noble don Diego de los Ríos, encargado de organizarla, que tal festejo supondría una ofensa a los mártires cristianos que allí habrían derramado su sangre y que hoy en día dan nombre al lugar (Campo Santo de los Mártires). Pero don Diego desoyó las advertencias. Y quizá no debería haberlo hecho...

Durante las pruebas previas al evento, montado en su caballo divisó un fantasma sobre una de las torres del Alcázar, el cual le dirigía evidentes gestos de desaprobación y amenaza. Don Diego, a pesar de su estupefacción, se dirigió, como estaba previsto, a probar los toros. Y se encontró entonces con la sorpresa de que un joven había sido cogido por uno de los animales, que estaba a punto de terminar su vida.

Inmediatamente acudió a ayudarle. El animal se volvió hacia el noble y fue a este al que hirió mortalmente.

Se cuenta que antes de exhalar su último aliento don Diego se arrepintió de su osadía. Y la ciudad lo interpretó lo acontecido como un castigo divino por su falta de respeto.

(Texto protegido por la Ley de Propiedad Intelectual).


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viernes, 8 de enero de 2016

El mito del mes (I): Enero


El calendario romano solía dedicar cada mes (al menos hasta Junio) a un dios concreto. El mes de Enero deriva su nombre del dios romano Jano, a quien este mes, Ianuarius, le estaba dedicado. Sin duda este dios es más conocido por ser el dios bifronte, el único dios de dos caras, con las que mira hacia el pasado y hacia el futuro o hacia lo que ha terminado y lo que va a comenzar. De ahí que por esa dualidad le esté dedicado el mes en el que estamos.

Esta dualidad le hizo merecedor de ser el dios ubicado en los umbrales de las casas y al que se le invocaba en la salida a la calle y a la entrada de ésta.

Su templo, en el foro romano, recogía también esa dualidad y servía de indicador al pueblo sobre el estado marcial de la ciudad: sus puertas estaban cerradas cuando había paz; por el contrario, sus puertas permanecían abiertas cuando había guerra – la apertura de las puertas servía como invitación al dios para que viniera en ayuda de los romanos.

Ovidio en sus Fastos (I 135-140) expone la razón de esta bifrontalidad:

“Toda puerta tiene dos frentes gemelas, a un lado y a otra, de las cuales, la una mira a la gente y la otra, en cambio, al dios-lar. Y de la misma manera que vuestro portero, sentado junto al umbral de la entrada principal, ve las salidas y las entradas, así yo, portero de la corte celestial, alcanzo a ver a un tiempo la parte de Levante y la parte de Poniente... yo, para no perder el tiempo torciendo el cuello, tengo licencia para mirar a dos de ellos a la vez sin mover el cuerpo” (traducción de Bartolomé Segura Ramos)


Por el contrario, el calendario griego solía denominar los meses por el nombre de una fiesta o celebración. Enero se conocía como Gamelion, el mes de las bodas, que ocuparía parte de nuestro enero y nuestro febrero. La razón de dedicar este mes a esta ceremonia se remonta a la unión marital de Zeus y Hera, la Teogamia, que habría tenido lugar el día 4.

También en este mes se celebraba una de las fiestas más conocidas en el mundo griego, las Leneas (por Dionisos Lenaios), una fiesta de carácter orgiástico en las que participaban las Lénai, las bacantes o ménades de Dionisos.

Junto con la procesión de ménades, tenía lugar uno de los tres concursos dramáticos establecidos en el calendario teatral griego, en el que concursaban sólo los autores de comedia. En ellas, Aristófanes puso en escena, por ejemplo, su Caballeros (424 a.C.) y su Lisístrata (411 a.C.).
Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO
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lunes, 21 de diciembre de 2015

El Palacio de Orive y la Biblia


Al igual que ocurre (por ejemplo) en el cine, es común que las leyendas y tradiciones contengan elementos o episodios recurrentes, que yo suelo llamar patrones o clichés.  Y, debido a las fechas en las que nos encontramos, quiero aprovechar para destacar que una de las más famosas leyendas cordobesas incluye un episodio que resulta un paralelo evidente del Nuevo Testamento.

Me refiero a la leyenda del Palacio de Orive, en la cual tres judíos llaman a las puertas de este edificio para pedir que los alojen allí, ya que habían sido vetados en las posadas de la ciudad debido a su origen hebraico. Finalmente, los tres visitantes dormirían en el zaguán del palacio dando lugar a uno de las más fascinantes relatos de nuestro patrimonio.

Y, ¿qué es un zaguán, sino un portal?

Seguro que te suena algún famoso texto en el que tres judíos forasteros son rechazados en las posadas de la localidad y terminan durmiendo en un portal... ;)

¡Feliz Navidad a todos!

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Teo Fernández Vélez
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(Información registrada)

miércoles, 16 de diciembre de 2015

GarabaTEOs (VIII): ¿Por qué "creemos" en los mitos?


Suele decirse que cualquier mitología, a pesar de estar diseñada con un fin (habitualmente explicativo), ha triunfado por trasmitir valores y emociones tan atemporales como universales. Y por ese mismo motivo sus relatos han seguido fascinando a la gente una vez que su correspondiente cultura ha desaparecido.

Así es. Pondré uno de los ejemplos más curiosos:

Ossian era un mítico bardo y héroe irlandés del s. III que, según la leyenda, habría narrado las hazañas de su patria y familia (especialmente las de su padre). Mil quinientos años después, en el siglo XVIII, el poeta inglés James Macpherson publicó los versos que, supuestamente, había encontrado escritos por el propio Ossian.

Esos textos retrotraían a un universo neblinoso, nacionalista, heroico y apasionado, totalmente diferente al frío acadecimisco imperante en tiempos de Macpherson. No sabemos si ya entonces eran, como hoy, considerados casi unánimemente falsificaciones elaboradas por él. Pero la cuestión es que supusieron el empujón que el incipente Romanticismo británico necesitaba para eclosionar definitivamente.

La repercusión fue tal que entre los seguidores del supuesto Ossian habría que incluir a Napoléon, Lord Byron, Goethe o Ingres, autor de la obra que se ve en la imagen superior: El sueño de Ossian, donde el poeta aparece durmiendo y soñando con los personajes sobre los que (siempre según Macpherson) escribió.

Su imaginativo "descrubridor" había conseguido así que el mito funcionase aún más como tal: reelaborado igualmente con el fin de justificar la nueva corriente romántica (como Octavio Augusto, primer emperador de Roma, pidió a Virgilio justificar el reinado de su estirpe con la Eneida), la potencia de los valores vitales y estéticos que transmitía se impuso a la duda sobre la veracidad de la fuente.

Dicho de otra forma: lo que importaba (y lo que importó) era el universo Ossian, no si realmente había existido ese personaje o si los versos se debían a su pluma.

Así es como triunfa un mito.

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Teo Fernández Vélez

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Córdoba al cuadrado (II): JRT y el Gran Capitán


Hace apenas unos días que se cumplieron 500 años del fallecimiento de Gonzalo Fernández de Córdoba, y no queremos que la efemérides se aleje en el tiempo sin mencionar la aparición de su archifamoso monumento ecuestre, obra de Mateo Inurria, en Córdoba Guerrera, parte de la composición Poema de Córdoba, obra de Julio Romero de Torres y fechada en 1915.

Hay quien dice que en realidad no se trata de la misma escultura, y que la similitud (y consecuente confusión) se debe a la pura casualidad, pues se aprecia que la figura no es la misma. Además, la pieza que hoy vemos en las Tendillas llegó allí en 1927, habiéndose terminado e instalado en su emplazamiento original (junto al actual El Corte Inglés) en 1923. Y su proyecto data precisamente de 1915...

La respuesta quizá sea tan simple como que lo que Julio Romero pudo incluir en la imagen fue el proyecto previo de escultura de El Gran Capitán, igualmente diseñado por Inurria y que sería alterado en el mismo año de terminarse Poema de Córdoba: el mencionado 1915.

O quizá, como me dijo una vez Mercedes valverde, Directora del Museo Julio Romero de Torres, el pintor anticipó en sus cuadros (a veces por intuición, a veces porque luego se imitó lo que él había pintado) la Córdoba posterior...

Teo Fernández Vélez

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martes, 1 de diciembre de 2015

La cabeza (que no es) de Lagartijo...


En su conferencia de hace unos días dentro del ciclo Córdoba y el Gran Capitán organizado por Fundación PRASA (imagen inferior izquierda), Fuensanta García de la Torre, que fuera directora del Museo de Bellas Artes de Córdoba durante más de treinta años, repasó los retrasos, modificaciones y demás avatares que sufrió el proyecto de realizar un monumento a Gonzalo Fernández de Córdoba. Idea gestada a mitad del siglo XIX, se materializó definitivamente en 1923, año en que se coloca el hoy llamado "caballo de las Tendillas" en su emplazamiento original (junto al actual El Corte Inglés).

Fuensanta aprovechó para desmontar, tal y como nosotros hacemos desde hace más de tres años en nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba, el bulo que afirma que la cabeza del jinete corresponde a otra escultura, que sería del torero Lagartijo.

También explicó la causa de tal invención popular, que, igualmente, siempre hemos incluido en otra actividad: la ruta Leyendas de El Gran Capitán (imagen inferior derecha), que tuvimos el honor de que se incluyera en la mencionada conmemoración de Fundación PRASA como un complemento a las conferencias. ¡Muchas gracias!

Teo Fernández Vélez
Imagen: abc.es

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lunes, 23 de noviembre de 2015

V siglos sin El Gran Capitán


Genio militar a caballo (nunca mejor dicho) entre la Edad Media y el Renacimiento y referente geográfico de la Córdoba actual, Gonzalo Fernández de Córdoba moría en Granada el 2 de diciembre de 1515 a la edad de sesenta y tres años.

Fundación PRASA está conmemorando este V Centenario con un ciclo de conferencias que protagoniza todo un "Dream Team" de expertos en El Gran Capitán y su contexto histórico. Nosotros tenemos el honor de aderezar el programa con una ruta de leyendas sobre el personaje, su época y su linaje: Leyendas de el Gran Capitán. ¡Intentaremos estar a la altura!

Sábado 28 de noviembre
11:00 de la mañana 
(Duración: 2 hrs.)
Precio: 15 €
Informacióny y reservas: 652374417

*La conferencia de Fuensanta García y María Dolores Baena, que en la imagen adjunta aparece el día 2 de diciembre, ha debido ser adelantada al 25 de noviembre (la de José Moreno se mantiene el día 2).


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miércoles, 28 de octubre de 2015

La semana de JRT 2015


El año pasado, la iniciativa de Érase una vez Córdoba para la conmemoración del CXL aniversario del nacimiento de Julio Romero de Torres, que tuvo el título de "140 años de duende", se desbordó positivamente gracias a la gran aceptación que la idea tuvo entre instituciones tanto públicas como privadas. (Sobre la misma puedes ver un artículo de este blog aquí; o el que fue el programa de actividades que se realizó aquí; o un breve álbum de fotos en Facebook aquí).

Este 2015 volvemos a celebrar la señalada fecha del 9 de noviembre, día en que vino al mundo el artista cordobés más universal, dedicando durante una semana (desde el día 3) nuestro estand en Mercado Victoria a divulgar el legado del pintor: museos, reproducciones de obras, libros y souvenirs. Destacando, una vez más, la colaboración de todos a cuya puerta hemos llamado, incluida alguna fuera de nuestra provincia.

Y no podía faltar, como cúlmen, la ruta especial del sábado 7 sobre el pintor (más info aquí).

¡Esperamos que os guste!

Teo Fernández Vélez

martes, 20 de octubre de 2015

San Rafael y Romero de Torres: Córdoba al cuadr(ad)o


San Rafael Arcángel, custodio de Córdoba cuya festividad celebramos el próximo 24 de octubre, fue llevado a lienzo por nuestro más insigne artista, Julio Romero de Torres, quien nació también en fechas que nos son cercanas: un 9 de noviembre.

Podría ser este un cuadro más de los muchos que el pintor dedicase a representar la dualidad del amor (el sacro/divino frente al carnal/profano). Pero hay una serie de elementos, en su mayoría eróticos, que lo hacen destacable. Algunos son:

-  El homenaje a la platería cordobesa a través del pedestal sobre el que se sitúa el Arcángel.

- La extraña (por indecorosa) sensualidad que también desprende el personaje que representaría al amor sacro (mujer de negro).

- La posibilidad de que su postura respecto al Arcángel, como se ha llegado a plantear, insinúe una felación.

- La androginia del cuerpo de San Rafael, evidente no solamente en sus facciones, sino también en su cabello y, sobre todo, sus pechos.

Pero con erotismo o sin él, más allá de estos detalles y de cualquier hipótesis sobre los mismos, la obra resulta especial porque San Rafael y Julio Romero son dos de los elementos más caratcterísticos y diferenciadores de nuestra ciudad. Por eso, unirlos supone una mezcla que multiplica lo cordobés.

Unidos son Córdoba al cuadrado.

Teo Fernández Vélez


Aprovechando la celebración de sus respectivas fechas, puedes conocer la tradición de San Rafael en nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba o el universo de Julio Romero de Torres (incluido el comentado lienzo) en La Córdoba de Julio Romero de Torres.

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miércoles, 7 de octubre de 2015

Mitos y misterios de la arqueología cordobesa (VI): El yacimiento de Cercadilla (II)


           El artículo que publicamos hace unos meses sobre Cercadilla fue el más leído en la historia del este blog. Por ello, repetimos temática, esbozando una de las interpretaciones más aceptadas internacionalmente sobre el mismo. En concreto, la de Jorge Ramón Corzo, apoyada también por Pedro Marfil, ambos profesores universitarios (aquel en Sevilla, este en Córdoba).

La hipótesis de estos dos profesionales nace de la premisa de que ciertos elementos arquitectónicos, en su opinión, solo podrían deberse a la influencia de Osio, obispo cordobés de enorme importancia en todo el Imperio debido a su estrecha relación con el emperador Constantino. Para ambos, tanto la monumentalidad como el estilo, las cronologías, los restos arqueológicos y los espacios elegidos y sus posibles funciones, entre otras cosas, encajan a la perfección con la idea de que el yacimiento arqueológico de Cercadilla fuera en su momento la primera sede episcopal cordobesa. Y todo ello lo podemos encontrar argumentado en sus trabajos al respecto. 

¿Qué sería Cercadilla, en ese caso? Pues ni más ni menos que un complejo cristiano de entre los años 325 y 343 que comprendería una basílica, un baptisterio y una residencia episcopal de patrones constructivos palatinos de influencia oriental e ideas judeocristianas. Como decimos, una sede episcopal tan antigua, grande y completa que tan solo podría ser explicada, según estos autores, por la posible iniciativa del mencionado Osio. Eso sí, después de ser una basílica martirial, se reformaría en el 613 d.C y se le añadiría un cenobio.
 
Algunos de los argumentos esgrimidos a favor de esta teoría son, por ejemplo, la adecuación de las medidas, y la numerología a ellas ligada, a la llamada “vara visigoda”, por la que, aplicada esta unidad de medida (80 cm.), las longitudes y dimensiones adoptan coeficientes de gran importancia en la Antigüedad como pudieran ser el 127, o el 72. De hecho, esta unidad de medida y su relación con la numerología ya había sido probada, según los autores, en la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave.

Igualmente, encuadran la fecha de la edificación de este complejo en los albores del siglo IV d.C. debido a que los materiales cerámicos encontrados se enmarcan cronológicamente en esa fecha, que también resulta ser la de mayor influencia de Osio tras su aparición en el Concilio de Nicea. E igualmente se presenta como argumento el parecido de uno de los edificios de Cercadilla con la “basílica” de Carranque y la catedral de Echmiatsin, ambos lugares de culto cristiano.

Y ya despojándolo de su relación con este obispo, también han surgido interpretaciones que defienden una posible edificación de este episcopum en otras fechas, como resultado de continuas fases de construcción dirigidas u ordenadas por los sucesivos prelados que pasaron por la diócesis.

         Claro que, como todas las demás interpretaciones sobre el conjunto de Cercadilla, esta también tiene sus fragilidades, algo que, además de a la complejidad histórica que el yacimiento en sí encierra, también se debe, como bien apuntan estos autores, al deplorable estado en el que se encontraron las ruinas tras las obras de construcción del AVE, a una mala y apresurada excavación arqueológica del mismo, y, actualmente, a la cuestionable conservación del lugar.
Isabel Barrado
Historiadora Intérprete del Patrimonio
(Imagen: abc.es)

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