miércoles, 13 de julio de 2016

Érase una vez Julio Romero de Torres




Superado el ecuador del 2016, comienza la cuenta atrás para Érase una vez Julio Romero de Torres (“El mes de Julio Romero de Torres”), proyecto que presentásemos el pasado enero en FITUR. Se trata de la evolución lógica de las conmemoraciones que venimos realizando todos los años en torno a la fecha de nacimiento del pintor (9 de noviembre).

Concretamente, seguirá la línea de la que se llamó 140 años de Duende (2014), que tuvo nueve días de duración y cuyo programa se puede ver en nuestra web. De esta forma, durante noviembre de 2016 tendrán lugar cuatro actividades cada semana (conferencias, exposiciones, rutas...) coordinadas e impulsadas por nosotros pero organizadas en gran medida por otras entidades que se han sumado al programa desinteresadamente.


Esos colaboradores son: Patronato Provincial de Turismo de Córdoba, Fundación PRASA, Mercado Victoria, Fundación Cajasur-Palacio de Viana, Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses, Facultad de Filosofía y Letras de la UCO, Mercedes Valverde (Directora del Museo Julio Romero de Torres), PTV Córdoba, Hannover Gestión Integral, Urban Sketchers Córdoba y Museo Carmen Thyssen de Málaga.

Por nuestra parte, organizaremos las rutas culturales sobre el pintor. Las habrá tradicionales y una que muestre piezas que no suelen ser vistas por el gran público. Pero además, siguiendo el trabajo divulgativo sobre leyendas que llevamos desarrollando cuatro años, incluiremos la nueva Leyendas de Julio Romero de Torres, que tratará curiosidades y enigmas sobre el mismo.

Cuando el programa esté completamente definido podrá consultarse en www.julioromerodetorres.es. Puedes dejar el correo electrónico en la casilla indicada al respecto y te mantendremos informado :)


Aviso legal: "Érase una vez..." es una marca registrada en los epígrafes referentes a actividades culturales y turísticas y que desarrolla su actividad como Érase una vez Córdoba, Érase una vez Granada, Érase una vez Julio Romero de Torres, etc.


domingo, 3 de julio de 2016

¿Hubo brujas en Córdoba...?


La tradición señala que el barrio de Santiago era el de las brujas en Córdoba. También susurra que fue allí donde se alojaron los templarios, si es que estuvieron en nuestra ciudad. Esas callejas esconden viejos secretos, como la alcantarilla mágica de la que hace siglos emanaba un fabuloso olor, y también rincones abominables como el antiguamente llamado Panderete de las brujas, donde, según se dice, tenían lugar aquelarres y otros acontecimientos malditos.

Por eso, en nuestro deseo de ofrecer actividades novedosas, en verano del 2014 creamos en torno a este barrio la ruta nocturna Brujería y hechicería en Córdoba, cuya próxima edición será el jueves 7 de julio de 2016 (info aquí). Y también por eso, en nuestra intervención mensual del mítico programa radiofónico Otros Mundos de junio de 2015, por la proximidad de la noche de San Juan, hablamos sobre este barrio y sobre uno de los personajes más diabólicos de nuestra historia local...

Puedes escuchar el audio aquí (desde el 122:10).


Y si quieres conocer este tipo de mágicas historias, puedes dejar tu correo electrónico en la casilla de arriba a la derecha y recibirás gratuitamente los nuevos artículos del blog y nuestra agenda de actividades.

Descubre Córdoba con Érase una vez Córdoba
¡Que no te engañen con imitaciones!


martes, 21 de junio de 2016

El mito del mes: junio



Si en el calendario romano una de las etimologías de Mayo se relacionaba con los mayores, Junio es el mes dedicado a los jóvenes (iunior) en honor a la esposa de Hércules, Iuventas o Hebe (imagen). Y la razón la ofrece la misma Iuventas: “Esta tierra me debe también algo en nombre de mi gran esposo; aquí condujo él las vacas que había apresado; aquí tiñó de sangre la tierra aventina Caco, inútilmente protegido por las llamas y las dotes que le dio su padre” (Fastos VI.75-80).

No obstante, la etimología más popular hace derivar el nombre de este mes de la diosa Juno, la Hera latina, que fue hermana y esposa de Júpiter, el Zeus latino. La misma diosa así se lo confiesa a Ovidio: “Pero para que no lo ignores ni te veas arrastrado por el error del vulgo, junio ha tomado el nombre de mi nombre” (Fastos VI.25).

Las últimas etimologías tienen denotaciones políticas. Una hace derivar el nombre del verbo iungere, ‘unir’, pues en este mes se produjo la unión de dos pueblos hasta entonces enemigos, los romanos y los sabinos. La otra, de Lucio Junio Bruto, fundador de la República romana que expulsó al último rey, a Tarquinio II el Soberbio. Así describe Plutarco a este rey:

El pueblo, lleno de odio contra Tarquinio el Soberbio, que no había logrado el poder honradamente, sino de manera impía e ilegal y que no lo ejercía como un rey, sino con insolencia y al estilo de un tirano… (Plutarco, Publícola 1.3; traducción Aurelio Pérez Jiménez).

La fiesta que resaltamos en esta ocasión es la Carnaria, en honor de la ninfa Carna (o Crane), hermana de Febo (Apolo). Siempre rechazaba a sus pretendientes con la misma triquiñuela. Tras ellos declararles su amor, ella les contestaba: “Este sitio tiene demasiada luz y con la luz me da vergüenza; más bien, si me llevas a una cueva apartada, yo te sigo”. Y mientras ellos se dirigían hacía esa cueva, ella, que se quedaba tras ellos, se perdía entre los matorrales sin posibilidad de ser encontrada más tarde. Sin embargo, un día se presentó el dios bifronte Jano como pretendiente y, cuando Carna quiso repetir la jugada, él vio dónde se escondía y la atrapó entre sus brazos. Para recompensar la pérdida de la virginidad de Carna, Jano le regaló el derecho sobre los goznes y una espina blanca con la que repeler de las puertas los agravios. 

En esta fiesta se recuerda la ocasión en la que la ninfa tuvo que usar esa espina blanca. Existían unas aves feroces, conocidas como ‘vampiros’ (striges), que bebían la sangre de los niños. Un día se metieron dentro de la habitación de Proca y lo hicieron su víctima. La nodriza poco o nada podía hacer, por lo que recurrió a Carna, la cual “tocó tres veces consecutivas las jambas de la puerta con hojas de madroño; tres veces con hojas de madroño señal6 el umbral. Salpicó con agua la entrada (el agua también era medicinal) y sostenía las entrañas crudas de una marrana de dos meses”. Ofreció a estas aves las entrañas del animal a cambio de la vida del niño y a continuación colocó una vara tomada de la espina de Jano donde una pequeña ventana iluminaba la habitación. Las aves se alejaron y el niño se recuperó.

 Durante estas fiestas se come tocino grasiento y habas con espelta caliente, pues, de acuerdo a Ovidio: “Ella es una diosa antigua y se alimenta con la comida que acostumbraba antes, y no es golosa como para desear manjares de importación”.

Durante el mes de Esciroforion se celebraban en Atenas unas fiestas que servían de preludio para otras mayores. Las fiestas eran las Arretoforias y en ellas cuatro niñas de entre 7 y 11 años, escogidas por el arconte ‘Basileus’, recreaban la fiesta de las Tesmoforias, pero sin conocer el misterio. Éstas vestían ropas blancas y complementos dorados. Durante cuatro días estas niñas vivían encerradas en el templo de Atenea; uno de los días portaban sobre sus cabezas objetos sagrados que la sacerdotisa de Atenea les daba, objetos que las niñas desconocían qué eran. A continuación descendían por una gruta subterránea, que se encontraba cerca del santuario de Afrodita, portando una antorcha. Tras conseguir un objeto también oculto (estaba envuelto), regresaban a la superficie. 

Probablemente, y de acuerdo a algunos investigadores, para acallar la curiosidad de las niñas por saber qué eran esos objetos sagrados, se creó la historia de las hermanas a las que Atenea les encomendó el cuidado de una cesta pero les prohibió abrirla. Ellas, picadas por la curiosidad, la abrieron y descubrieron la serpiente gigante que protegía a Erictonio, el hijo de Atenea. Estas hermanas, como castigo se volvieron locas y se arrojaron desde la Acrópolis. 

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

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miércoles, 25 de mayo de 2016

GarabaTEOs (X): Un cordobés en Milán


Yo ya estuve en Milán. Yo ya estuve en San Siro.

Vale, no fue viendo una final de Champions League como la del próximo sábado. Ni siquiera fue viendo un partido. Pero sí que fue meses después de vivir en directo el primer Roma-Real Madrid de la historia (1-2) y semanas antes de hacer lo propio con un Roma-Barça (3-0), ambos de esa misma competición. Aquella edición de Champions, por cierto, la cerraría precisamente Zidane con su archifamosa volea en Glasgow.

Corría, por tanto, el curso 2001-2002. 

Yo estaba "de Erasmus" en Roma y pesaba 15 kg. menos que ahora.

En realidad, ya había pasado por Milán años antes, con el viaje fin de curso de instituto. Pero esta vez fue diferente; seguramente por que en la segunda ocasión iba yo solo, resultando así todo más intenso y especial. Era la época del hambre de mundo, de sentirte una esponja y  siempre querer conocer más lugares, más libros y más personas. Podría decir que era otra vida.

De Milán recuerdo los relieves de las paredes del "hall" de la estación de tren, la blancura artificial del Duomo recién restaurado, la extrema educación de la gente y sus abrigos largos y oscuros (era enero), mi almuerzo en un MC Donalds en la misma mesa que unos desconocidos con los que entablé conversación o el haber contemplado a solas La Última Cena de Leonardo (que, por cierto, encontré por casualidad y que -mayor casualidad- vi gratis porque un día al año no se pagaba... y era justamente ese día).

Pero, sobre todo, recuerdo otro lugar con el que me topé sin pretenderlo: la basílica de San Ambrosio, una de las iglesias más antiguas de la ciudad (s. IV) y cuyo tenebroso toque paleocristiano,  en aquella oscura y fría tarde de invierno, te hacía estremecer.

Y sí, claro, también estuve en el estadio de San Siro/Giuseppe Meazza, que es a lo que íbamos. Un estadio que, como suele ocurrir en Italia, comparten los dos equipos de la ciudad (aunque ahora el Milán planea hacerse otro). También, curiosamente, compartían dentro del mismo un pequeño museo donde había una ínfima muestra de sus respectivos palmarés. Desde el graderío y en comparación con Santiago Bernabéu, Camp Nou u Olímpico de Roma, San Siro es un estadio bastante pequeño. Y que, por su diseño, provoca al asistente la sensación de estar poco menos que una caja de cerillas.

En la visita turística se incluía la entrada a los dos vestuarios, lugares que por entonces aún no se podían ver en los estadios de FC Barcelona ni Real Madrid (de hecho, creo que, a día de hoy, los vestuarios que se muestran en los respectivos tours de estos campos españoles son los visitantes y no los locales).  Y me hice la foto en el lugar donde se sentaba Fernando Redondo, hasta poco antes ídolo merengue, así como en el del mítico Maldini.

También había un lugar reservado para un español milanista: José Mari. Y no era el único que jugaba ese año en Italia, pues Guardiola lo hacía en el Brescia, Mendieta en la Lazio, etc...

Entre eso y la llegada del Euro, los españoles nos sentíamos en Italia como en casa. Como ocurrirá este fin de semana en Milán.

Aunque yo no estaré allí. Porque ya estuve.

En otra vida. 

Teo Fernández Vélez

domingo, 15 de mayo de 2016

¿San Basilio 50 ó 44?


Es conocida en Córdoba la confusión que en los últimos tiempos existe a la hora de nombrar el último patio de la calle San Basilio, propiedad de la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses (institución privada y sin ánimo de lucro).

Ella se debe al hecho de que, durante décadas, el número del mismo fue el 50 (o sea, San Basilio 50); pero, desde hace algo más de un lustro, es el 44. Lo curioso es que al arreglar la fachada apareció, bajo el 50, el número... ¡66! Lo que confirma la cantidad de casas que se han ido perdiendo en dicha calle.

La confusión afecta básicamente a los cordobeses, ya que les "suena" más el antiguo número 50. Pero los foráneos que nos visitan durante el Festival de mayo tienen igualmente otro motivo para la duda, ya que, en el plano de patios, este de San Basiilio 44 aparece, por casualidad, con el número 41...

Teo Fernández Vélez

Puedes ver en este enlace un vídeo de una entrevista realizada en 2014 a Miguel Ángel Roldán,  Presidente de la Asociación, en el que explica, entre otras cosas, el asunto de la numeración.

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lunes, 9 de mayo de 2016

El mito del mes: mayo


La etimología del mes de Mayo para los latinos es diversa. De hecho es posible, según recoge Ovidio, hacer derivar el nombre de tres posibles raíces. La primera vendría de maiestas, y sería la divinidad (Majestad) que se sienta junto a Júpiter, custodia a Júpiter y le proporciona el cetro a este dios. También la segunda opción aparece relacionada en tanto que está al lado de y aporta consejo a otras personas. En este caso, se hace derivar de maiores y les fue dedicado este mes por Rómulo al ser grande el respeto que ellos tenían en la ciudad (el mes siguiente fue consagrado a los jóvenes, iuniores). No obstante, la tercera posibilidad es la más conocida, proveniente de la diosa Maia, madre de Mercurio (o Hermes). Cuando Evandro llegó desterrado a los campos de lo que sería Roma, enseñó a sus gentes, entre otras cosas, los ritos de este dios, el que concedió el honor de llamar al mes con el nombre de su madre.

Durante este mes son varias las fiestas que se celebran. Por su paralelo floral con nuestro mayo cordobés se encuentran las Floralia, que, en realidad, abarcarían dos meses (abril y mayo, en concreto del 28 de abril al 3 de mayo). Dedicada a Flora (“¡Madre de las flores, ven, que has de ser festejada con juegos y regocijos!”), esta diosa sufrió una suerte similar a Perséfone (o Proserpina), ya que fue raptada por Céfiro, quien la convirtió en su esposa. Sin embargo, ella goza “de una primavera eterna” que expande no sólo por los campos silvestres, sino por los de labranza.

Sus fiestas, conocidas por las licencias que en ellas se permiten como por los vestidos de muchos colores en su honor, se instituyeron como propiciación por el honor no dado a esta diosa. Después de un largo tiempo en el que Flora descuidó su deber por el vacío que le hicieron los padres romanos, éstos establecieron una fiesta anual con juegos para apaciguar la vanidad de la diosa y que ésta devolviera la exuberancia, el colorido y la fructificación a la tierra. La razón de que su fiesta sea tan colorida la ofrece la misma diosa al poeta Ovidio:

“Bien porque los campos relucen con flores purpúreas, ha parecido que las luces constituyen un buen ornato para los días a mí dedicados; bien porque ni la flor ni las llamas tienen colores apagados y ambos brillos atraen las miradas; bien porque a nuestros regocijos conviene el libertinaje nocturno” (Ovidio, Fastos V. 362-369)

En lo que a Grecia se refiere, el calendario ático conoce Mayo como el mes Targelion (mitad de mayo-mitad de junio), mes consagrado a Apolo que nació el día 7 del mismo (su hermana Ártemis nació un día antes para ayudar a su madre en el parto del hermano). En él se celebraban las Thargelia o fiestas de los primeros frutos de verano, ya que el thargelos es el pan elaborado con los primeros granos segados y llevados a las casas. 

Las Thargelia eran unas fiestas de purificación de la ciudad que se comenzaban a celebrar el 6 de este mes. Consistían en la expulsión del “phármakos” o víctima humana que cargaba con todas las “manchas” de la ciudad. Había dos víctimas, uno para los hombres y otro para las mujeres. Ambos eran alimentados a expensas de la ciudad. Antes de su expulsión eran azotados por siete veces con ramas de higueras silvestres y se les proveía de queso y un pastel de higos, a la par que a su cuello se les ataba un higo blanco y otro negro. A continuación, eran expulsados de la ciudad y con ellos, cualquier espíritu maligno que pudiera hacer daño a la ciudad, a sus miembros o a sus posesiones. Al día siguiente, tras la purificación de la ciudad, se celebraba la llegada de Apolo Pitio. En el segundo día de la fiesta, el 7 de Thargelion, se comían los thargeloi.

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

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Info sobre la ruta en nuestra web haciendo click aquí.

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sábado, 23 de abril de 2016

El origen de la fiesta de Las Cruces de mayo


Los meses de abril y mayo incluyen diversas festividades que, como ocurre con tantas otras fechas señaladas del calendario cristiano, tienen origen pagano, en este caso relacionado con el esplendor de la primavera. Quizá el ejemplo más claro sea el de San Isidro Labrador, que se celebra el 15 de mayo, sin coincidir con la fecha de su fallecimiento. Y algo similar ocurre con la Fiesta de la Cruz, evidente fusión de ambos legados.

En origen, sería una de las celebraciones vinculadas a las flores, que incluían cánticos, bailes y, en algunos casos, también ya un eje vertical central, a modo de "totem". Este podía ser un árbol, o sencillamente un palo cuya cima debía ser alcanzada por los jóvenes (costumbre esta última que aún se mantiene en muchas localidades españolas).

Por otro lado, según la tradición cristiana, un 3 de mayo tuvo lugar la "Invención de la Cruz". Esto es, el descubrimiento por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la cruz donde Jesucristo había sido crucificado. Por ello Elena aparece sosteniendo este objeto en uno de los pilares de la basílica de San Pedro del Vaticano (imagen).

Cabe matizar que Constantino no fue, como comunmente se dice, el gobernante que hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio Romano. Ese paso lo daría Teodosio décadas después. Pero Constantino sí instauró la libertad de culto, abriendo así la vía para el desarrollo del potencial de esta religión.

Los historiadores suelen optar por considerar que esta apertura se debió a motivos políticos y pragmáticos. La leyenda, sin embargo, habla de que su conversión se debió a la visión de una cruz en el cielo la noche anterior a una gran batalla, y que le habría llevado a la victoria en esta. Pero su especial relación con la Cruz no quedó ahí, sino que, como hemos mencionado, fue continuada por su madre.

Son varias las fuentes antiguas que narran la llegada de Santa Elena a Tierra Santa, si bien este viaje también podría bordear el mito, considerando que para entonces la peregrina debería tener 75-80 años. La cuestión es que todas las versiones coinciden en que allí encontró reliquias, como las de los Reyes Magos o la mencionada Vera Crux, que diferenció de las otras dos cruces (las de los ladrones ajusticiados junto a Jesús) gracias a una curación o resurección milagrosa producida al entrar en contacto con el sagrado leño.

Sea como fuere, sed buenos el próximo puente...

Teo Fernández Vélez 

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martes, 5 de abril de 2016

El mito del mes (IV): abril


Abril, para los romanos “Aprilis”, es el mes dedicado a Venus según lo recoge Ovidio en sus Fastos: “Hemos llegado al cuarto mes, en el que es tu celebración mayor. Sabes, Venus, que el poeta y el mes son tuyos” (IV.15). 

La razón de esto se debe al nombre mismo del mes. Son dos las posibles etimologías y ambas relacionadas con Venus. La primera homenajea a la lengua griega y se refiere al nacimiento de la diosa de la espuma del mar (“aphris” en griego) en la costa de la Magna Grecia (sur de Italia y Sicilia). La segunda, más patria, hace una correlación entre la explosión de vida de la primavera y la capacidad nutricia de Venus, en tanto que da vida a los seres vivos y éstos generan vida al unirse entre ellos (del verbo "aprire", abrir).

Durante los días 12 a 19 de este mes, se celebran en Roma las Cerialia, las fiestas en honor de Ceres, la Deméter latina. En ellas se recordaba el rapto de Proserpina por Plutón (Hades), la búsqueda de la hija por la madre por todo el orbe y finalmente, el reencuentro entre ambas. 

Sin embargo, el desenlace no fue tan feliz, ya que Proserpina había comido tres granos de granada, lo que significaba que no podía salir de la mansión plutónica. Ante ello, Ceres, llena de tristeza, prefiere quedarse en el inframundo al lado de su hija, decisión evitada por Júpiter (Zeus) que pactó con la diosa su dualidad habitacional: seis meses en el cielo, seis meses en el inframundo.

“Entonces, por fin, Ceres cambió la cara y cobró ánimos, y colocó sobre su pelo una mona de espigas. Y en los campos descansados sobrevino una cosecha abundante y la era a duras penas daba cabida a la mies amontonada. A Ceres le va bien el color blanco: poneos ropa blanca en la fiesta de Ceres. Ahora ya no se lleva la lana negra” (Ovidio, “Fastos” IV.615-620, traducción de B. Segura Ramos)


Con ello, se simbolizaba la llegada de la primavera: los áridos y secos campos, a raíz de la tristeza de Ceres por la pérdida de Proserpina, se revisten de abundante cosecha tras el reencuentro entre madre e hija y la solución de Júpiter.

El mes de “Munichion” (mediados de abril-mediados de mayo) en el calendario griego está dedicado a Ártemis. En este mes, las niñas se vestían de osas y actuaban como tales en honor de la diosa.

Parece ser que esta festividad recordaba el aplacamiento de la ira de Ártemis (manifestada la ira en forma de peste) por la muerte de un oso sagrado (el oso es un animal dedicado a Ártemis). Como compensación, la divinidad exigió el sacrificio de una joven. Embaros (o Baros) prometió sacrificar a su hija si, a cambio, la diosa le concedía a su familia el ser oficial del sacerdote de su templo. Puesto que Ártemis aceptó, Embaros "sacrificó" a su hija: vistió a una cabra con las vestimentas de su hija y sacrificó al animal en el altar de la diosa. 

Así, las fiestas muniquias representan un rito de iniciación prenupcial de las muchachas áticas, las cuales, vestidas de oso, “sacrifican” su infancia y juventud (= vida salvaje).

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

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lunes, 21 de marzo de 2016

GarabaTEOs (IX): El reloj de amor




(Escrito con el que participé en el 2015 en el
Concurso de relato breve del Museo Arqueológico de Córdoba)



Era el cortejo de los museos. La danza del amor en las galerías de arte.


Nos mirábamos de soslayo o fingiendo casualidad, y nos deteníamos ante la misma obra, simulando observarla, cuando en realidad estábamos pendientes el uno del otro.


La situación se prolongaba, en ocasiones absurdamente, hasta que uno de los dos consideraba que ya había esperado bastante y se alejaba. Entonces, andurreábamos por separado por la sala, aparentando prestar atención a otras piezas, pero siempre pendientes de ante cuál reencontrarnos para contemplarla también juntos.

Una vez, al cruzarnos, incluso me dedicó una leve sonrisa...


Pero el gran momento tuvo lugar ante la estatua de Afrodita: nos pusimos tan cerca que nuestras manos, que colgaban junto a nuestras respectivas caderas, se rozaron por las caras externas. Fue como un mensaje de la diosa del amor. Si ya había tenido varias oportunidades para entablar conversación, aquella fue la ideal: pero, una vez más, me paralizó la timidez.


Al final, tras un largo rato de flirteo mudo por el museo, ella se marchó. Mientras su silueta se alejaba, pude percibir en ella una postura de cierta decepción, sin duda causada por mi falta de iniciativa para haberla abordado.


Esa noche no pegué ojo. Me la pasé maldiciendo aquella indecisión y me prometí que volvería allí, a buscarla, rezando para que fuese de Córdoba y tornase; y, si estaba de paso en nuestra ciudad, para que por algún error de los dioses, del Universo o de lo que sea que nos rija, reapareciese en el mismo lugar. ¿Acaso no había ya conspirado esa Fuerza para que coincidiéramos la primera vez?


Y, a fin de cuentas, era lo único que podía hacer: Esperarla.


Así, cada día, a la misma hora, yo regresaba a nuestro fugaz nido de amor. Repetía la misma luz del crepúsculo ante la que habíamos coqueteado en silencio y veía desplazarse las mismas sombras según iba cayendo el sol, como si fuesen las particulares agujas del reloj del edificio. Todo ello ante la inexcrutable mirada de Afrodita.


Empecé a saberme el museo a pies juntillas. Memoricé, sin pretenderlo, las cartelas de las piezas de mi alrededor. Llegué a reconocer el sonido de los pasos de cada vigilante, las edades de los colegios en función del griterío que se escuchaba a su llegada y los distintos olores (en algunos casos no muy agradables) de los turistas de cada país.


Pero ella no volvía. Así que, por si acaso, empecé a pasar cada vez más tiempo allí, hasta consumar la jornada completa. Era lo único que podía hacer: Esperarla.


Los trabajadores de la institución se habituaron a mi presencia. Llegó un momento en el que no me saludaban, pues me confundían con una pieza más de la colección. Por lo cual también dejaron de obligarme a marchar al cerrar el edificio. Y comencé a pasar las noches en el mismo.


Todo por ella. Siempre aguardando junto a la Afrodita que había unido, aunque fuese tan fugaz como levemente, nuestras manos. La Afrodita que, por algún tipo de milagro pagano, la traería de vuelta algún día. Por eso yo no debía alejarme de allí...


Los visitantes me veían tan integrado en el entorno que empezaron a creer que yo era una estatua y buscaban a mi alrededor una cartela descriptiva. Los museólogos, a cuyos oídos había llegado mi historia, decidieron colocarme una: Hombre esperando por amor. Finales del siglo XX. Procedencia desconocida. El nombre era más típico de un museo de arte contemporáneo, pero resultaba tan adecuado que, como buena estatua, no rechisté.


Incluso las limpiadoras me quitaban el polvo. Y no voy a negar que me venía bien, tras tanto tiempo sin moverme del lugar. La cosa me gustó menos cuando un restaurador planteó hacerme algún arreglo... Afortunadamente, la reforma quedó en corte de pelo, afeitado y manicura, todos ellos celebrados por mi parte, pensando siempre en el ansiado reencuentro. Porque yo seguía esperándola.


Empecé a calcificarme y a sentirme cada vez más indentificado con las esculturas. ¡Quizá el origen de todas ellas había sido el mismo! Quizá ellas algún día también esperaron a un amado. Por eso le propuse a Afrodita un trato para que trajese de vuelta a la mía. Le prometí llenar también su vacío buscándole un buen Ares. Un Ares que estuviese vivo y coleando. Pero el proyecto no le convenció.


Así que allí seguí...


Hasta que al final, debido a mi tan romántica como perenne inmovilidad, me convertí en estatua. En una aguja más del reloj; en este caso, con un mecanismo impulsado por el amor. Y mi historia pasó a ser otra sombra de los atardeceres del museo.


Con una nueva cartela que rezaba un nuevo nombre: Amor eterno convertido en piedra.


Teo Fernández Vélez
(Todos registrado y protegido por la Ley de Propiedad Intelectual)
 

miércoles, 9 de marzo de 2016

El mito del mes (III): Marzo



En un principio Marzo, o el mes de Marte, era el primero del año del calendario romano hasta la reorganización del mismo por Julio César, quien le añadió sesenta días y una quinta parte del día, según Ovidio. A este dios se le consagró, por una parte, este mes por ser el padre del fundador de la ciudad y de su hermano, es decir, de Rómulo y Remo respectivamente. Por otra, porque así esta divinidad presidía las armas que ”proporcionaban abastecimiento y gloria a un pueblo feroz” (Ovidio, Fastos 3.86)

Una de las celebraciones que tenían lugar en este mes eran las dedicadas a Anna Perenna durante los Idus (Los Idus de Marzo son, sin lugar a dudas, más conocidos por el asesinato de César). Esta festividad se celebraba en las orillas del río Tiber, lugar en el que los romanos se recostaban y bebían deseándose tantos años como copas bebían. También cantaban canciones obscenas de amor y de alegría.

Que se celebre cerca de un río y que se canten ese tipo de canciones tiene su razón de ser en Ana, la hermana de la reina Dido. Tras el suicidio de ésta, su hermana Ana huyó por diversos lugares sufriendo avatares varios hasta que llegó al Lacio, donde fue encontrada por Eneas, quien le dio hospedaje en su casa. Ante las atenciones que le brindaba, su esposa, Lavinia, tuvo celos de ella y quiso matarla; sin embargo, Ana, avisada por el espíritu de su hermana, huyó. Numicio, una divinidad acuosa, la ocultó en su lago. Las huellas seguidas por quienes la buscaban se perdían en el río, pero ella les cantó para su tranquilidad y regocijo:

“Soy la ninfa del apacible Numicio;
oculta perennemente en el río me llamo Anna Perenna”

Convertida en divinidad, Marte le confesó su amor por Minerva y Anna, juguetona, le concertó una cita con la diosa. Cuando Marte se disponía a besar a Minerva, descubrió que era Anna con el rostro cubierto, de modo que el dios se enfadó por verse burlado. Sin embargo, a los demás les resultó gracioso y por ello cantan este tipo de chanzas.


Probablemente para los griegos el mes Elafebolion (mitad marzo-mitad abril) sea uno de los más importantes, no sólo se abrían los puertos que habían estado cerrados durante todo el invierno, sino también por la celebración que tenía lugar a principios de su mes. Ambos acontecimientos, la apertura de los puertos y la celebración, suponían una revolución para Atenas y una demostración de su poder. Pero ¿qué fiesta se celebraba que originara tanto revuelo? Las Grandes Dionisias.

Las Grandes Dionisias eran una celebración en honor a Dioniso como “observador” de lo que ocurría dentro de la escena (la palabra griega para ‘teatro’ proviene de una raíz que significa ‘ver, observar’).  y en ellas durante cinco días se desarrollaban competiciones teatrales, entendiendo que el teatro abarcaba competiciones líricas, de comedia y de tragedia. Este era el orden en el que los géneros competían. La tragedia ocupaba los tres últimos días, ya que tres eran los autores que representaban sus tetralogías (tres tragedia y un drama satírico). Las fiestas comenzaban con una procesión hacia el templo de Dioniso Eleutheros, en Eleusis. Finalizaban las Dionisias con la proclamación de los ganadores a ‘Mejor actor trágico’, ‘Mejor poeta trágico’ y ‘Mejor corego’ (director de coro).

 Las Grandes Dionisias eran importantes por dos razones. En primer lugar, Atenas recibía a los extranjeros que venían tras abrirse los puertos, lo que le permitía mostrar su poderío; en segundo lugar, el teatro ponía en escena a través de los mitos y sus protagonistas los problemas políticos del momento.

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO
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martes, 1 de marzo de 2016

La Masonería en Córdoba


La Masonería hunde sus raíces en las cofradías de constructores, vinculados especialmente a las grandes catedrales medievales y cuyos conocimientos estaban reservados a dicho gremio (maçon en francés significa "albañil"). Pero, poco a poco, en su círculo fueron aceptados, a modo de honoríficos iniciados, personajes de alto nivel económico y sobre todo cultural, mentes inquietas deseosas de descubrir los misterios de la arquitectura.

Fue así como en Londres, en 1717, nació la Masonería filosófica o especulativa, una organización filantrópica e intelectual que empleó como símbolo las herramientas de aquellos operarios: el compás, la plomada, la escuadra... Y de ahí imágenes como la superior, que representan al Gran Arquitecto del Universo.

No sería hasta el tercer tercio del XIX cuando la Masonería tuviese en España una relevancia considerable. La costa gaditana (por el flujo de viajeros extranjeros y, evidentemente, por la presencia de Gibraltar) jugó el papel más destacado en Andalucía con nada menos que 134 organismos vinculados a la misma. El de Córdoba fue más discreto, sumando, entre los años 1868 y 1898, un total de 33 organismos que aglutinaban a 568 masones. Sin embargo, apenas una docena de logias andaluzas sobrevivieron a la crisis de fin de siglo, y ninguna de ellas fue de nuestra ciudad.

La dictadura de Primo de Rivera coincidió con un resurgir de las logias españolas, probablemente porque funcionaron a modo de refugio de ideas contrarias al Régimen (lo que a la postre supondría una politización de las mismas). Así, antes del estallido de la Guerra Civil, Córdoba volvió a sumar 9 organismos y 288 masones. Sin embargo, divisiones internas y las persecuciones durante la Dictadura franquista por la mencionada politización dieron al traste con ese repunte.

Es probable que ya antes de 1975 volvieran a existir, de forma semiclandestina, logias en la Costa del Sol o Gibraltar, pero fue la llegada de la Democracia lo que provocó de nuevo la legalización de la Masonería en 1979. A pesar de ello, en Córdoba no se reinstauraría hasta el año 2011, a través de la Respetable Logia Maimónides número 173.

Si queréis saber más sobre la misma, os recordamos que este fin de semana podéis disfrutar de las Jornadas sobre la Masonería en Córdoba en Casa del Sefarad (puedes ver noticia en prensa aquí).

Teo Fernández Vélez
 

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martes, 9 de febrero de 2016

El mito del mes (II): Febrero


Februo (Februus) era el dios al que le estaba consagrado este mes en el calendario romano a causa de la fiesta de la que tomaba el nombre. Esta divinidad solía equiparse a Plutón, el dios de los muertos y del Inframundo, puesto que a él se le celebraban unas fiestas para purificar o lavar la ciudad en los cuales se aplacaban a los muertos con sacrificios y ofrendas. Estas fiestas recibían el nombre de Februalia, las “purificaciones”.

Otra explicación del nombre de este mes parece encontrarse en los instrumentos de purificación, los februa. Éstos, de acuerdo a Ovidio, llegaron a ser todo aquello con lo que se limpiaba el cuerpo, si bien en principio eran unas lanas con las que se limpiaban o barrían las casas después de sacar a un muerto.

Este autor latino nos dice en sus Fastos (II.30-35) respecto a este mes que recibía su nombre de los februa 
                “bien porque los Lupercos cortan una piel y purifican todo el suelo utilizándola como instrumento de purificación, o bien porque la ocasión es pura, una vez que se han hecho las ofrendas de paz a los sepulcros y los días dedicados a los muertos han pasado. Nuestros viejos creían que las purificaciones podían eliminar todo sacrilegio y toda causa del mal” (traducción de Bartolomé Segura Ramos).

Junto a estas fiestas, el 15 de este mes se celebraban otras igualmente importantes: las Lupercalia, en honor de Fauno Luperco (imagen superior). En ellas los lupercales o sacerdotes de este dios sacrificaban víctimas para que mantuviera alejados a los lobos de los rebaños. Sin embargo, la peculiaridad de estas fiestas radica en que los lupercales corrían desnudos por las calles llevando en sus manos el cuchillo empapado en sangre y unos látigos hechos con las pieles de las víctimas con los que golpeaban a las mujeres (las februa) para que éstas se quedaran embarazadas.

Para los griegos, Febrero (mitad de febrero-mitad de marzo) se conocía como Antesterion, mes en el que se celebraban las Antesterias, en honor a los muertos. Éstas duraban tres días (del 11 al 13 de Antesterion) en los que se creía que los espíritus de los muertos vagaban por la ciudad. En el primero de ellos, Pitoigia, se abrían los toneles que habían estado fermentado durante el otoño; en el segundo, Coes, se celebraba una competición sobre la resistencia alcohólica de los participantes en la que cada participante traía su propia copa (de ahí el nombre del día) pero, y eso es lo peculiar del día, la bebía en silencio (es el día que Orestes, aún impuro, llega a Atenas tras matar a su madre Clitemnestra).

También en este día tenía lugar una hierogamia, en la que una “reina” en el papel de Ariadna se casaba con el arconte basileus que tomaba el rol de Dioniso recordando la boda de Dioniso y Ariadna en Naxos. Finalmente, en el tercer día, Chystoi, se hacía una especie de sopa de vino y pan que se vertía en honor de Hermes Ctonio o Psicopompo, dios que acompañaba a las almas en su viaje al Hades, mientras un coro gritaba “¡Fuera de aquí, Keres! ¡Las Antesterias han terminado” [Las Keres son daimones que se llevaban a los espíritus de los muertos].

Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO

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lunes, 25 de enero de 2016

Leyendas de Córdoba: El fantasma de la torre del Alcázar...


Según antiguos textos, en tiempos del insigne historiador Ambrosio de Morales (1513-1591) se decidió celebrar una corrida de toros en el entonces llamado Campillo. El propio Morales intentó advertir al noble don Diego de los Ríos, encargado de organizarla, que tal festejo supondría una ofensa a los mártires cristianos que allí habrían derramado su sangre y que hoy en día dan nombre al lugar (Campo Santo de los Mártires). Pero don Diego desoyó las advertencias. Y quizá no debería haberlo hecho...

Durante las pruebas previas al evento, montado en su caballo divisó un fantasma sobre una de las torres del Alcázar, el cual le dirigía evidentes gestos de desaprobación y amenaza. Don Diego, a pesar de su estupefacción, se dirigió, como estaba previsto, a probar los toros. Y se encontró entonces con la sorpresa de que un joven había sido cogido por uno de los animales, que estaba a punto de terminar su vida.

Inmediatamente acudió a ayudarle. El animal se volvió hacia el noble y fue a este al que hirió mortalmente.

Se cuenta que antes de exhalar su último aliento don Diego se arrepintió de su osadía. Y la ciudad lo interpretó lo acontecido como un castigo divino por su falta de respeto.

(Texto protegido por la Ley de Propiedad Intelectual).


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viernes, 8 de enero de 2016

El mito del mes (I): Enero


El calendario romano solía dedicar cada mes (al menos hasta Junio) a un dios concreto. El mes de Enero deriva su nombre del dios romano Jano, a quien este mes, Ianuarius, le estaba dedicado. Sin duda este dios es más conocido por ser el dios bifronte, el único dios de dos caras, con las que mira hacia el pasado y hacia el futuro o hacia lo que ha terminado y lo que va a comenzar. De ahí que por esa dualidad le esté dedicado el mes en el que estamos.

Esta dualidad le hizo merecedor de ser el dios ubicado en los umbrales de las casas y al que se le invocaba en la salida a la calle y a la entrada de ésta.

Su templo, en el foro romano, recogía también esa dualidad y servía de indicador al pueblo sobre el estado marcial de la ciudad: sus puertas estaban cerradas cuando había paz; por el contrario, sus puertas permanecían abiertas cuando había guerra – la apertura de las puertas servía como invitación al dios para que viniera en ayuda de los romanos.

Ovidio en sus Fastos (I 135-140) expone la razón de esta bifrontalidad:

“Toda puerta tiene dos frentes gemelas, a un lado y a otra, de las cuales, la una mira a la gente y la otra, en cambio, al dios-lar. Y de la misma manera que vuestro portero, sentado junto al umbral de la entrada principal, ve las salidas y las entradas, así yo, portero de la corte celestial, alcanzo a ver a un tiempo la parte de Levante y la parte de Poniente... yo, para no perder el tiempo torciendo el cuello, tengo licencia para mirar a dos de ellos a la vez sin mover el cuerpo” (traducción de Bartolomé Segura Ramos)


Por el contrario, el calendario griego solía denominar los meses por el nombre de una fiesta o celebración. Enero se conocía como Gamelion, el mes de las bodas, que ocuparía parte de nuestro enero y nuestro febrero. La razón de dedicar este mes a esta ceremonia se remonta a la unión marital de Zeus y Hera, la Teogamia, que habría tenido lugar el día 4.

También en este mes se celebraba una de las fiestas más conocidas en el mundo griego, las Leneas (por Dionisos Lenaios), una fiesta de carácter orgiástico en las que participaban las Lénai, las bacantes o ménades de Dionisos.

Junto con la procesión de ménades, tenía lugar uno de los tres concursos dramáticos establecidos en el calendario teatral griego, en el que concursaban sólo los autores de comedia. En ellas, Aristófanes puso en escena, por ejemplo, su Caballeros (424 a.C.) y su Lisístrata (411 a.C.).
Dámaris Romero
Profesora de Filología Clásica de la UCO
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