domingo, 12 de abril de 2015

Tradiciones, leyendas y curiosidades de la Mezquita-Catedral (II): la sinagoga de Salomón



Nuestra Mezquita-Catedral es un perfecto ejemplo de superposición de templos de diferentes religiones, al encontrase allí el complejo relacionado con la basílica visigoda de San Vicente, sobre la que se construyó la Mezquita Mayor de Kurtuba, que después sería consagrada como Catedral cristiana. Y hay más: algunos historiadores y arqueólogos plantean la posibilidad de que, a su vez, la Basílica de San Vicente se hubiera construído en el lugar de un templo romano preexistente.

Sin embargo, la leyenda, como suele ocurrir, va más allá, pues cuenta que en aquel lugar hubo con anterioridad una sinagoga fundada por el mismísimo rey Salomón. Este acontecimiento mítico se situaría (al considerar que Salomón vivió en torno al año 1000 ac.) en un tiempo muy anterior a la fundación de la Corduba romana, que tuvo lugar en el s. II ac.

Parece que se trataría de un relato inventado en época de Al-Andalus para aumentar el poder simbólico de la edifición de la Mezquita, de forma que esta no se habría levantado solamente sobre el comentado edificio cristiano de San Vicente, sino también sobre ese supuesto templo judío. Mientras que la atribución de la autoría a un personaje de la relevancia de Salomón no es rara; por ejemplo, la fundación legendaria de nuestra vecina Sevilla fue llevada a cabo por Hércules.

Total, que supuestamente tuvimos a Salomón y Hércules fundando sinagogas y ciudades por el sur de España.

Para que luego digan que los andaluces no somos exagerados... ;)


Teo Fernández Vélez
Cazador de leyendas

Si quieres conocer nuestras principales leyendas locales, no te pierdas la ruta nocturna Leyendas de Córdoba, pionera de este tipo de actividades en nuestra ciudad.

lunes, 30 de marzo de 2015

Los grafitos de la ermita de Santa Eufemia



Cuando en el año 2011 se llevaron a cabo unas obras de reforma de la ermita de Santa Eufemia (Córdoba), al retirar las diversas capas de pintura y cal que se habían ido acumulando en las paredes con el paso de los siglos, aparecieron en los muros numerosos dibujos, correspondientes a la tipología denominada como "grafitos históricos".

Parecen fecharse en la Edad Media, y presentan temáticas basadas en elementos recurrentes, como barcos (imagen  inferior) y lo que parecen ser escenas campestres. Contrasta, de hecho, la tosquedad de las figuras de personas y animales (que parecerían casi hechas por niños) con la relativa minuciosidad de algunos de los barcos.

Los grafitos históricos (en general) son una tipología poco conocida, a pesar de poder encontrarse en muy distintos lugares, datando de épocas variadas y teniendo temáticas y causas de realización muy diversas. Como los que hay en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, realizados por los propios enfermos que hace siglos allí habitaban cuando el edificio era hospital.

Pero los de Santa Eufemia tienen algo menos habitual: en su momento, hace siglos, fueron hechos sabiendo que se taparían. O sea, se dibujaron para no verse. Y es ahí donde radica su misterio...

Como es habitual cuando no se sabe qué motivación llevó a hacer unos grafitos, se tiende a decir que estos fueron meros entretenimientos o dibujos explicativos entre compañeros; por ejemplo, obra de un operario que había viajado en barco y quería explicar a otros, que en su mayoría nunca habrían salido de aquella localidad, lo que era una nave.

Sin embargo, la compleja ubicación de algunos de ellos (como sobre la puerta -imagen superior-) descarta la opción de que se debieran al mero ocio.  Y la repetición de elementos (como los mencionados barcos) también hace poco probable que se llevasen a cabo para explicar los elementos plasmados a quienes los desconocían (pues, en ese caso, ¿no sería suficiente con dibujar uno?).

En mi opinión, la causa podría ser supersiticiosa, colocados como símbolos o amuletos, pues  seguirían teniendo efecto mágico/místico aun ocultos por la pintura.

Y sí, vale, entiendo que la pregunta que os hacéis, es: en ese caso, ¿qué simbolizarían?

Pronto os lo contaré...

*Por ahora, ya que algunos de ellos se dejaron visibles al terminar la reforma, aprovechad el día de la romería (Domingo de Resurrección) para verlos ;)

Teo Fernández Velez


viernes, 27 de marzo de 2015

Mitos y leyendas de nuestra provincia (XIII): La casa encantada de Jauja


En una bonita casa de Jauja, habitaba un hombre no mal parecido y de carácter fuerte, con su esposa y sus seis hijos. Nada llamaba la atención en este caballero que, como padre de familia, pasaba el día en su trabajo para poder llevar sustento a casa pero, lo que nadie sabía era que, por algún motivo, sentía algún tipo de odio hacia su quinto hijo, lo cual lo llevaba a maltratarlo severamente.

Cuando en su vejez quedó viudo, su hijo, el quinto hijo, junto con su esposa, fue a vivir con su padre a pesar de las agresiones de las que lo hizo víctima, y lo cuidó cariñosamente hasta que, un cuatro de julio a las 17:30, llegó el momento de su muerte a los 87 años de edad.

Su hijo, a pesar del daño causado por su padre, decidió perdonar todo cuanto le hizo sufrir y, con un beso, selló su despedida. 

Tras el sepelio, marcharon a casa con el convencimiento de que, ahora ambos, padre e hijo, descansarían en paz, pero lo que no podían llegar a imaginar, era lo que pronto, se empezaría a vivir en aquella casa. 

Tras el sepelio, marcharon a casa con el convencimiento de que, ahora ambos, padre e hijo, descansarían en paz, pero lo que no podían llegar a imaginar, era lo que pronto, se empezaría a vivir en aquella casa. 

Pasado no mucho tiempo, el ahora propietario de la casa, comenzó a notar que algo estaba pasando, que nada estaba como él lo dejaba y que, en la que había sido la habitación de su padre, parecía como si éste, se acabara de levantar de la cama.

En un principio no quiso dar importancia a lo ocurrido y buscó una explicación lógica a aquella extraña situación, volvió a colocar todo en su sitio, y olvidó el asunto.

Aquel mismo día, cuando se disponía a ir a la cama, apagó todas las luces y mientras subía las escaleras, escuchó que alguien susurraba su nombre, pero pensó que solo se lo había imaginado, por lo que siguió su camino a la cama.

Por la mañana contó a su esposa lo ocurrido la noche anterior y ésta, lo calmó diciendo que la muerte de su padre aún estaba muy reciente, y estaba segura de que ese era el motivo por el cual le pareció que su padre lo estaba llamando, pero noche tras noche, y siempre después de apagar las luces, volvía a escuchar cómo susurraban su nombre.

Le volvía loco ver cómo las cosas cambiaban de lugar, las luces se encendían solas, y aquel susurro en el que reconocía la voz de su padre, así que, armándose de valor, entró en aquella habitación en la que se despidió de su padre por última vez.

Nada. Silencio. Estaba a punto de salir cuando notó que alguien, desde la cama, lo observaba. Se giró, pero no pudo ver a nadie, aunque notaba que cada vez tenía a alguien más cerca. Volvió a escuchar que susurraban su nombre y, asustado, quiso salir de allí pero no pudo hacerlo ya que, alguien o algo, lo sujetaba fuertemente por el cuello causándole dificultad para respirar, a pesar de lo cual, pudo gritar el nombre de su esposa que, ante aquel grito desesperado, acudió con rapidez. Cuando ella entró en la habitación, su marido, volvió a respirar con normalidad.

Todavía con el miedo en el cuerpo, decidió cerrar la puerta de la habitación, y prohibió que se entrara en ella.

No volvió a sufrir ninguna agresión, aunque sí que seguía viendo cómo las cosas cambiaban de sitio, las luces de ciertas habitaciones de la casa se encendían, y una voz susurraba su nombre.

Contó a sus hijos y nietos el por qué de su prohibición de acceder a la habitación de su padre y, aunque todos respetaban su decisión, a ninguno le resultaba fácil creer la historia que contaba el abuelo porque nunca habían visto que nada raro sucediera en la casa.


Todo cambió cuando el abuelo enfermó de Alzheimer. Tal vez porque desde ese momento pasaban más tiempo en la casa, empezaron a vivir algunas de las cosas que el abuelo les contó.



Los nietos, desobedeciendo la prohibición del abuelo, decidieron entrar en aquella habitación “maldita” y así, por ellos mismos, comprobaron que absolutamente todo lo que el abuelo les había contado era verdad.

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Toda esta historia llegó a mí durante una conversación con una nieta del propietario de la casa. Al principio no me pareció más que una broma pero, el miedo que se dibujó en su rostro, me llevó a pensar que, todo lo que ella me contaba era verdad y, ante su invitación a visitar dicha casa, por supuesto, no me pude negar.



Al entrar, nada hacia pensar que allí pudiera pasar nada extraño, pues se respiraba mucha tranquilidad. Dimos un paseo por la casa, y nos sentamos a merendar y conversar. Fue entonces cuando escuchamos un fuerte golpe en la planta superior.


Mientras subíamos las escaleras, ya sea por sugestión de la mente o porque en realidad estaba viviendo aquella experiencia, empecé a escuchar cómo alguien pronunciaba mi nombre. Entramos en la habitación que ahora, tenía la luz encendida, algo que me pareció extraño porque cuando entré en ella la primera vez, la persiana estaba subida y no tuvimos necesidad de encender ninguna luz. El vacío de aquella habitación, se había transformado en un ambiente muy cargado, como si estuviera lleno de gente, y se percibía un olor como si alguien se acabara de perfumar. Sentía que, además de la compañía de mi amiga, alguien más estaba a mi lado y acariciaba mi pelo. En ningún momento, la situación me hizo sentir miedo, aunque tampoco me hacía sentir tranquilidad.

Mi acompañante, me quiso mostrar cómo las cosas cambiaban de lugar, para lo cual, movió un objeto situado sobre la mesa de noche y, antes de que pudiéramos salir de la habitación, aquel objeto, había vuelto a su lugar.



Aún hoy, sigo sin entender muy bien lo que pasó en aquella casa pero, sea por lo que fuere, está claro que el antiguo propietario sigue paseando por los pasillos, y colocando cada cosa tal y como a él le guste que esté. Tal vez se encuentre anclado a la casa y por ello le resulte imposible marcharse o, tal vez, lo único que espera es que su hijo, aquel al que maltrató cuando era niño pero que, a pesar de ello, le demostró ser un hijo ejemplar, deje este plano terrenal y, junto con él, marche al plano espiritual.


Inmaculada Muñoz

lunes, 16 de marzo de 2015

La Sábana Santa de Córdoba


La noticia apareció en la prensa local hace unos días; sin embargo, no ha tenido excesiva repercusión en la ciudad: en la iglesia del Juramento de San Rafael se venerará una copia exacta del Santo Sudario de Turín. Por ello, para tener información de primera mano, hoy nos hemos entrevistado con Fernando Cruz Conde, rector del templo (y digo bien, rector, ya que El Juramento no es parroquia).

Don Fernando nos ha comentado con tono anecdótico cómo nació su pasión por la también llamada Síndone: "fue en 1979, cuando yo estudiaba en Princeton. Cayó en mis manos un ejemplar del libro "The silent witness" (El testigo Silencioso) que, por cierto, presté y nunca me devolvieron." Era la época de las grandes investigaciones sobre el universo de la Sindonología, que dieron lugar a famosos libros y reportajes. Síndone, apuntamos, viene del griego sindon, que significa mortaja o sábana.

Pero el lector cordobés se preguntará: ¿Qué tiene que ver este sacro objeto con la Iglesia del Juramento de San Rafael? Pues el elemento de conexión y catalizador del proyecto es el Cristo de la Universidad, que se encuentra en una capilla del templo y que fue realizado imitando al que aparece en la Sábana Santa. Por eso, la copia en cuestión, que será bendecida por el Obispo de Córdoba el 4 de mayo, se venerará junto a esta Imagen.

Sin embargo, como indica Cruz Conde, el proyecto a largo plazo es adecuar la zona superior de la iglesia tanto para esta reliquia como para otras, relacionando un ala de la misma con la Pasión de Cristo y el otro ala con la pasión de los mártires de Córdoba, incluidos los del siglo XX. 


Teo Fernández Vélez
Historiador del arte y mitólogo


Si quieres conocer otras leyendas y misterios de nuestra ciudad (por ejemplo, la propia tradición del Juramento de San Rafael), no te pierdas nuestra ruta nocturna Leyendas de Córdoba.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Mitos y misterios de la arqueología cordobesa (III): el sepulcro de los mártires



Vamos con otra de sarcófagos. Este, a pesar de ser mucho menos conocido que el anterior, es más importante para la historia popular de Córdoba, pues una de sus interpretaciones lo convierte en el sepulcro de los patrones de Córdoba, los mártires San Acisclo y Santa Victoria.

Actualmente, y desde hace mucho tiempo, este sarcófago paleocristiano de mármol de Carrara de entre el siglo III y IV d.C. – más probablemente de mediados del siglo IV d.C. – está incompleto, puesto que le falta parte de su estructura. Aun así sabemos que su frontal estaría formado originalmente por dos recuadros con estrígilos* con molduras a modo de marco y una escena en el centro en la que aparecen dos personajes masculinos. A esta imagen se le sumarían dos más en los laterales del sarcófago, de las cuales solo se conserva una en la que aparecen igualmente dos figuras humanas. Pero como el sepulcro no ha llegado a nuestros días en las mejores condiciones se ha perdido la tercera escena del conjunto, que estaría en el otro extremo lateral, el cual, desafortunadamente, no se conserva.

A pesar de que las últimas investigaciones indican que las imágenes representan escenas de la vida de San Pedro, tradicionalmente se ha pensado que este sepulcro pertenecía al patrón de Córdoba San Acisclo, y que las imágenes narrarían pasajes de su vida. Es por esta razón por la que la pieza se encuentra actualmente en el la Ermita de los Santos Mártires. Y como a nosotros lo que nos interesa es conocer Córdoba a través de sus leyendas y mitos vamos a hacer como si no supiéramos nada de San Pedro para tener un excusa con la que hablar de los patronos de nuestra ciudad. Porque no, señores, San Rafael no es el patrón de Córdoba, sino su custodio. Los patrones son estos dos hermanos, Acisclo y Victoria (aunque se duda de la existencia de esta última puesto que no aparece en multitud de fuentes), quienes, al parecer, fueron los primeros mártires cristianos de la ciudad de Córdoba durante la época del Imperio Romano.

Cuenta la tradición que ambos fueron criados, tras haber quedado huérfanos y morir su haya, por una cristiana llamada Iniciana, la cual les inculcó su fe en Dios. Años más tarde – en el 313 d.C. según las fuentes – y ante la orden del pretor Dión de dar muerte a todo aquel que no profesase su fe a los dioses romanos y al emperador, estos hermanos decidieron seguir haciendo pública su fe, por lo que fueron perseguidos, capturados, torturados y martirizados. Al final, murieron, según cuenta la historia, sin renegar de su fe. Él, degollado en el Guadalquivir. Ella, asaeteada en las cercanías del anfiteatro romano. Y los dos acabarían enterrados en este sarcófago llamado “de los Santos Mártires”, el cual, tras muchos avatares acabó su la basílica homónima. 

*Especie de cepillo metálico con acanaladuras en forma de S que usaban los romanos y griegos para quitarse el aceite, el sudor, etc. (En el texto, se refiere a la decoración ondulada del sarcófago).

Isa Barrado
Colaboradora Honoraria
del Departamento de Historia Moderna 
de la Facultad de Filosofía y Letras
(Imagen: www.cordobapedia.es) 

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miércoles, 18 de febrero de 2015

GarabaTEOs (V): Vender una ciudad



En las últimas semanas, varias personas me han preguntado por qué hago viajes tan aparentemente relajados a Granada y paseo tranquilamente por ella, si en teoría son escapadas de trabajo para preparar Érase una vezGranada.

La respuesta es que esos paseos, desayunos a solas leyendo la prensa local (importante: prensa en papel), almuerzos con viejos amigos, e incluso salidas nocturnas, son la fórmula perfecta para retomar el pulso a la ciudad y sus habitantes, volver a captar su esencia, reencontrarme con su alma. A conocerla como la conocí durante los nueve años que viví allí.

¿Por qué? Porque esa esencia es lo que vamos a vender.

Por eso nuestra ya clásica ruta nocturna Leyendas de Córdoba apenas tiene que ver con su equivalente granadina, que estrenaremos en pocos días. Porque se trata de ciudades con una historia muy diferente y nuestras actividades ofrecen aquello que de único tiene el legado de cada ciudad, el espíritu de la misma, que se ha filtrado por el tiempo a través de sus viejos relatos y tradiciones populares.

Para los más prosaicos, lo enunciaré de otro modo: no deja de ser un peculiar estudio buscando lo que el producto puede tener de único.

Entiendo, eso sí, que en el mundo turístico y cultural de Córdoba esta actitud sorprenda mucho, pues en la ciudad califal somos expertos en hacer lo contrario: solemos copiar lo que se hace en todas partes, pensando que así venderemos más porque estaremos a la moda o a satisfaremos mejor las demandas del momento.

Sin embargo, ese cómodo, previsible y poco creativo tiro suele salir por la culata. Porque iguala a Córdoba a la baja con las demás ciudades, en lugar de buscar todo eso que tenemos de exclusivo e inimitable, que, considerando nuestra historia y cultura, es, sencillamente, de proporciones infinitas.

Y termino con otro apunte para los pragmáticos: concretamente, con la prueba de que esa búsqueda de la esencia tiene grandes resultados: nuestra mencionada ruta nocturna Leyendas de Córdoba (de Érase una vezCórdoba) surgió hace casi tres años, siendo la pionera de las actividades de este tipo en la ciudad. Y ha visto como, tras ella, surgían otros diez (sí, diez) tours nocturnos de temética similar.

Bueno, al menos, con esa legión de fans-imitadores hemos descubierto que en Córdoba sabemos hacer otras cosas además de copiar lo de fuera: también sabemos copiar lo de aquí.
Jaja...

Bienvenidos a Érase una vez Granada.

Teo Fernández Vélez
Gerente de Érase una vez Córdoba y Érase una vez Granada

jueves, 22 de enero de 2015

Tradiciones, leyendas y curiosidades de la Mezquita-Catedral (I): El buey que reventó


En el crucero de la Catedral de Córdoba podemos encontrar dos hermosos púlpitos barrocos, cada uno de ellos suspendido sobre dos esculturas: bajo el del lado derecho (derecho según se observa habitualmente el altar) se encuentran un león y un ángel; bajo el izquierdo, un águila y un toro o buey (imagen).

Estos son los símbolos de los evangelistas, que coinciden con los cuatro "seres vivientes" del Apocalipsis (león, águila, hombre y novillo o toro) y cuya iconografía fue adjudicada a cada uno de los escritores en base a relaciones con el comienzo de sus respectivos textos. Dicho de otra forma: cada evangelio empieza con un relato en el que se pudo encontrar alguna relación (aunque sutil) para establecer la equivalencia simbólica de uno de esos seres con su autor. A saber: Mateo-ángel (un hombre con alas), Marcos-león, Lucas-Buey (toro) y Juan-águila.

Sin embargo, en Córdoba existe la tradición de que el buey se esculpió y colocó ahí no por San Lucas, sino en recuerdo a un animal que habría cargado con todas las piedras de la enorme obra de construcción del crucero (otras versiones, más absurdas aún, afirman que cargó con todas las columnas de la mezquita). Sí existe unanimidad respecto al final de la historia: el animal murió, agotado, lo que provocó tal homenaje en su memoria.

Incluso a veces se menciona que el águila (San Juan) se encuentra junto a él para devorar sus restos y que las animadas molduras que existen entre ambos animales no son otra cosa que las entrañas del bóvido reventado por el esfuerzo.

Leyendas sobre leyendas. La magia de nuestra historia...


Teo Fernández Vélez
Intérprete del Patrimonio
Imagen: www.tripadvisor.es

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